La llamada “Gamificación” o la posibilidad de incorporar el juego en los procesos de aprendizaje, es un término que viene sonando hace ya algunos años y es tal vez una de las maneras más poderosas de conectarse con un grupo, de transmitir conocimiento y de fortalecer habilidades. La experiencia que brinda el juego genera un ambiente único y especial que permite que fluya la creatividad y la innovación, claro está, hay que saber manejar el juego para evitar una “ridiculización” de los asistentes y también para evitar que el juego en lugar de un reto se convierta en un suplicio para alguno de los participantes. La lógica de los juegos permite establecer objetivos y parámetros que logran resultados increíbles. No es para nada sencillo diseñar un buen juego ni tampoco lo es el saber implementarlo, requiere una cierta pasión y compromiso por parte de la persona que dirige este tipo de espacios y actividades, requiere conocer y entender las dinámicas del juego y tener mucha práctica para lograr una buena ejecución.

El juego está presente a lo largo de nuestras vidas, estamos acostumbrados a jugar, solo que no estamos acostumbrados a jugar en ciertos espacios, es por esto que el permitir el juego en espacios laborales donde normalmente no ocurriría, genera reacciones y situaciones muy interesantes. El juego es una conexión con el mindset que manejamos en nuestra infancia, ya que en esa etapa de nuestras vidas normalmente fue cuando más jugamos y cuando cualquier elemento o cualquier situación tenía el potencial de convertirse en un gran juego, ese mindset es un estado ideal para la creatividad, en un mundo donde la imaginación está a la orden del día, los escenarios que podemos concebir y las posibilidades que se nos ocurren son prácticamente ilimitadas.

Ahora bien, hay niveles de juego, si podemos llamarlo de alguna manera. Existen metodologías muy robustas como LEGO SERIOUS PLAY que se encargan de vincular el pensamiento en tres dimensiones con las capacidades de imaginar, construir y comunicar una idea y existe la simple acción de crear un juego alrededor de un ejercicio y/o de una presentación para hacerla más entretenida y generar una conexión con la audiencia. Desde lo más simple hasta lo más robusto el resultado genera los mismos impactos positivos. Una persona que se enfrenta a una situación o a un reto y que solo por el hecho de sentirse en “modo juego” cambia por completo su percepción y su relación con el “fracaso”. En un juego lo normal es que si pierdes no pasa gran cosa, solo vuelves a empezar con la diferencia de que aprendiste algo, tal vez a correr un poco más antes de saltar o a pensar un poco más la respuesta a un acertijo.

En términos de cultura organizacional y sobre todo en la construcción de una cultura de innovación, esta mirada diferente al fracaso genera un cambio significativo que es muy complejo conseguir de otra manera, ya que en el mundo laboral el error y el fracaso se castigan y casi de inmediato la primera acción frente a un error es encontrar y señalar a un culpable, no es una bonita imagen, sin embargo, es la realidad en muchas compañías, esto no permite que las personas se permitan fallar porque saben que es muy posible recibir represalias. En el mundo conocido de la operación del negocio el fallar es algo más manejable, pero en el mundo de la innovación donde la incertidumbre siempre está presente la posibilidad de fallar se incrementa y es ahí donde se genera un conflicto que casi siempre se resuelve de la misma manera, vamos a hacer innovaciones y cambios incrementales que nos permitan alejarnos solamente un poco de lo conocido para minimizar la incertidumbre y la posibilidad de equivocarnos.

Finalmente, la invitación es a que como emprendedores, mentores, asesores, directivos de empresas y líderes de innovación, manejemos una relación más sana con el error y con el fracaso. La idea no es promover y/o premiar el fracaso sino por el contrario valorar el hecho de que realmente se puede aprender mucho del fracaso y que la innovación siempre genera resultados aun cuando no siempre son los que esperaba el empresario.

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